Se desvelan los secretos de la familia Ortigosa.

El viento era perturbador, azotaba violentamente sobre la ventana de mi habitación, parecía que el diablo quisiera meterse en ella, así que me desperté y la cerré con fuerza, ahora, ya podía descansar…

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Exclusivo para mayores de 16 años.

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PENUMBRA II – Origen.

La familia.

No puedo decir que mi familia fuese modélica, tal vez acomodada y con unos ciertos privilegios, desde luego el dinero no nos faltaba, aunque tampoco nos sobrara, éramos felices con lo que teníamos y eso para nosotros valía más que cualquier otra cosa material, mi hermana Cristina, de trece años, era una chica muy estudiante, que sacaba notas excelentes por norma general, en cualquier cosa que estudiara, tenía ese “don” que le permitía no tener que estudiar demasiado, Víctor, el mayor de los tres, en cambio siempre le costó sacar adelante sus estudios, ahora tiene veinticuatro años y trabaja en lo que puede, yo, Héctor, digamos que soy “El eslabón perdido” y nado entre las dos aguas, no era de sacar muy buenas notas, pero tampoco pasaba de todo como Víctor, tampoco daba quebraderos de cabeza a mis padres como el, con esto, podrán darse cuenta de que mi relación con él no era buena, lo dejaremos en “cordial”, tampoco la típica que se presupone, en la que los hermanos se llevan como el perro y el gato, no, era normal pero no podíamos estar más de una hora juntos en el mismo sitio, entiendan entonces que la peor fecha del año para la familia eran las Navidades, esa fecha en la que se quiera o no, se impone la cercanía familiar, por decreto y era extraño el día señalado que no hubiese algún roce que luego se prolongaba durante semanas, recuerdo en una ocasión…

24 de Diciembre – 1987.

La tarde transcurrió con normalidad, Víctor en su cuarto, yo en el mío, pero ésta iba avanzando y la noche se haría presente en dos horas, ya entonces se notaba la tensión, mis padres nerviosos,

-¿Ya os habéis duchado y arreglado?- Nos preguntaban.

Yo si, ya estaba listo, en cambio Víctor era de dejarlo todo para ultimísima hora, lo que causó el primer encontronazo entre todos contra él, para meterle prisa, pero no reaccionaba a nada, parecía que vivía en otro mundo, se encerraba en su cuarto y allí hacía su vida, muy común era escuchar gritos desgarrados, no, no era un psicópata que llevase allí a sus víctimas, era un amante del cine de terror y en ese instante estaba en plena sesión, aún con pijama, barba de cuatro días, con legañas, ajeno al día en el que estábamos, mi padre entró a su cuarto y le apagó la tele, con el grito.

– ¡¡¡ Te estamos hablando, deja eso YA!!

Parecía que tuvo efecto, reaccionó, se duchó y arregló, hasta aquí todo normal, dentro del concepto de la palabra y lo que en él representaba, llegó la hora de sentarnos todos a la mesa, el presuntamente seguía en su cuarto, ya arreglado y digo presuntamente porque al ir mi padre a buscarlo de nuevo, esta vez bastante más enfadado, se encontró con la ventana de su habitación abierta y un frio en el cuarto bastante considerable, Víctor, no estaba, se había marchado y con ello, había convertido esas Navidades en las peores de la familia Ortigosa.

Pasamos todas las fiestas sin él, la policía estuvo buscándolo y no dieron con su paradero hasta el ocho de Enero, estaba helado de frío, deambulando por la calle, solo y con el rostro desencajado, si de por sí era raro, esta vez daba miedo su presencia, les contó a mis padres que se puso a caminar y que perdió la noción del tiempo y el espacio, que durmió por la calle, que comió de lo que encontraba, pero todo esto con un tono de voz extremadamente pausado, una particularidad es que su pantalón estaba bastante sucio, Víctor tenía un problema de incontinencia que no podía controlar, vivía entre el baño y su habitación y así, desde que su mejor amigo muriese atropellado, de esto hace ya tres años y desde entonces todo en el había cambiado, comenzó a encerrarse en sí mismo y a ser el “ente” que ahora es. Esa noche del ocho de Enero, fue el inicio para él, de un cambio de vida, mi padre le dijo «Hasta aquí hemos llegado, te vas y te buscas la vida…si estuviste solo en estos días, sigue estándolo, por el bien de nuestra familia». Víctor quedó en estado de “shock” unos minutos, mirando fijamente a la televisión que estaba apagada, tras ese instante, reaccionó…

– ¡¡Aquello que hasta ahora habéis logrado, lo perderéis!! – Dijo como ido de sí y se marchó.

Todo aquello era bastante surrealista, porque sabíamos que no tenía nada, pero en cambio nadie lo defendió, ni dio la cara por él, es como si todos deseáramos que se fuese y con ello restablecer la normalidad que años atrás teníamos, los días pasaron y todo volvió a la calma, al menos, una calma aparente.

Mi padre comenzó a beber, lo hacía sin control alguno, en casa sin esconderse, en el trabajo a escondidas, de pronto pasó a ser el hombre más responsable del mundo al más irresponsable, es como si se hubiese convertido en Víctor, tenía un trabajo fijo desde hace veinte años, siendo un alto cargo directivo, eso le permitía mantener el trabajo, pero no le duró demasiado, un mes después le dieron la baja y fue derivado a psiquiatría, tratado con pastillas que parecía ser, no tenían efecto, mi madre ya no sabía qué hacer, aún menos mi hermana y yo, no era agresivo, era autodestructivo, ya no hablaba con nadie, estaba gran parte del día mirando por una ventana que daba a la calle, comía poco y con el tiempo perdía peso, ya no era ese “jovial rechoncho” como le decía cariñosamente mi madre, era un viejo amargado al que parecía que le habían robado parte de su vida…que deambulaba por la casa.

La casa.

El legado de un ser humano es su castillo, o en los tiempos en los que estamos, su casa, la nuestra era grande, heredada y en la que se suponía, habían pasado “cosas” que nunca supimos, pero era la nuestra, totalmente pagada, por lo que nos gustase o no, teníamos que vivir en ella, por tradición familiar, la misma, era bastante grande, doscientos metros habitables y una amplia terraza que llegaba a un bosque, estábamos solos y para encontrar civilización teníamos que ir en coche, donde había un pequeño pueblo, por lo que eso le daba más importancia a la casa en sí, era nuestro refugio. Sus habitaciones eran grandes, el suelo, de madera pero poco cuidada y que comenzaba a rechinar en algunas partes, sobre todo del pasillo, punto destacado de toda la vivienda porque era extremadamente largo, digamos que era el centro neurálgico de toda la casa, en el estaban las habitaciones y al final, un solo baño, así que Víctor se pasaba el tiempo recorriéndolo, de una punta a la otra, por el problema que antes mencioné. En la casa, los veranos eran muy calurosos, casi como vivir en un infierno particular, los Inviernos eran terribles, al ser una casa vieja tenía muchos sitios por donde se colaba el frio y el viento, donde en esa zona azotaba especialmente, así que usábamos mucho la leña y la gran chimenea que había en el salón, enorme por cierto, mantas y mucha ropa, pero aún con todo y con eso, hacía frio, más en ese Invierno, con unos diez grados bajo cero que fueron históricos.
En mi casa, sucedía algo que todos sabíamos pero que cuando estábamos reunidos, no hablábamos, todos escuchábamos pequeños sonidos, como respiraciones, golpes en la pared, lamentos y sabíamos que habían cosas que poníamos en un determinado punto y que de pronto, ya no estaba allí, encontrábamos en otro sitio, tal vez, estábamos tan acostumbrados a estas cosas, que le restábamos importancia, pero la tenía, tanta como el hecho de que también nos habíamos acostumbrado a la ausencia de Víctor, de vez en cuando me preguntaba que donde y como estaría, pero era pasajero, es como la energía de esa casa anulara nuestros pensamientos, los modificara para que fuesen los que ella quisiera […] esa casa, nos manipulaba a su antojo, pero éramos esclavos de su voluntad.

Origen.

Mi padre seguía empeorando, antes al menos se movía, ahora pasaba la mayor parte del tiempo con las manos puestas en la ventana, mirando a la nada, lo dábamos por perdido, así que consideramos ingresarlo en el hospital psiquiátrico, ese, fue el mayor error que hemos podido cometer…jamás.

Tres años pasaron, con medicación, “tratamientos especiales”, como duchas frías, heladas… atado de pies y manos en una camilla, encerrado en un cuarto oscuro días enteros, mi padre había vivido su particular infierno, pero parecía estar mejor, al menos ya se comunicaba con nosotros, incluso alguna vez sonreía, pero una noche, pasó algo que lo cambió todo.

13 de Febrero – 1990. 2:13 AM.

Un ruido seco logró despertarme, era como algo que choca contra un muro, me dirigí al cuarto de mis padres y lo vi a él agarrando a mi madre por el pelo, inmóvil, su cabeza llena de sangre y no paraba de decir…

– ¡¡No sabéis por lo que he pasado!!

Con un tono de voz bajo, tranquilo, como si hubiese estado un tiempo reprimiendo algo y de pronto se sintiera liberado, yo no pude gritar, me quedé tan paralizado como el, pero un pensamiento me vino a la mente, porque me extrañó que mi hermana Cristina no se despertara, asustada por el estruendoso sonido, fui corriendo a su cuarto y lo que vi fue la peor escena que puede la mente humana imaginar, mi padre, aprovechó que dormía para cortarle el cuello, a partir de aquí hizo con ella lo que quiso, no quieran imaginar que sucedió en ese instante ni el estado…de lo que quedaba de ella.

En este momento, escribo mis últimas palabras, no sé qué va a pasar de ahora en adelante, mi padre está ido en su cuarto, mi madre no sé si está viva y no sé qué pasará conmigo, acabo de llamar a la policía y con suerte saldré de esta, de no ser así, que éste sea mi legado, mi silencio tras lo que pueda suceder.

27 de Diciembre – 1994.

Víctor es mi nombre, les escribo porque acabo de encontrar esta carta, esta herencia de mi hermano, en ella dice:

Estimado Víctor, no sé qué ha sido de ti, desde que te fuiste debo decirte la verdad, no he pensado mucho en el hecho de que no estuvieses entre nosotros, pero es algo que comprenderás en el momento que regresas a la casa y vuelvas a sentirte parte de ella, de su energía negativa, si lees esto, es que lograste rehacer tu vida, encontrar tu camino y espero, te haya ido bien, nosotros, tu familia, desde que te fuiste, es como si tu última frase nos hubiese maldecido, papá está cada vez peor, mira por la ventana de tu cuarto, como esperando tu llegada que nunca se cumple, Cristina como siempre va a lo suyo, mamá es víctima de todo ello mientras yo soy el visionario y narrador de esta decadente historia, no sé en que acabará todo esto, hoy ingresan a papá en un centro psiquiátrico, espero que para bien y si algo sucede tras tu llegada, si encuentras esta nota en mi cuarto y éste está vacío, es que algo ha sucedido“.

Tras leer la nota, Víctor escuchó una voz familiar, era nuestra madre que llegaba, al verse no supieron que decirse durante largos minutos, tras eso, no cambió demasiado la situación porque la relación siempre fue fría, distante, como quien oculta algo y teme hablar para no ser descubierto, yo, Hector, ya desde otro plano, sigo siendo el narrador de ésta historia, porque sigo viviendo en esta…nuestra casa, veo cada noche a mi hermano despertarse, deambular por el pasillo, como si perteneciera a mi particular mundo, trato de contactar con él, quiero tocarlo y que me sienta, decirle que pasó aquella noche porque mi madre es incapaz, pero no puedo por más que lo intento, Víctor, que los primeros días de regresar parecía otra persona, más animado, alegre, ha vuelto a ser el que era, pero va a peor, cada vez pone el volumen de sus películas de terror más alto, mi madre ajeno a ello, se encierra en su cuarto, viven vidas paralelas y el, en su mundo cada vez me recuerda a la fase final de mi padre […] siento que quiere contactar conmigo, esta noche, lo volveré a intentar, pienso, que esta será la noche en la que comprenda que soy yo, Héctor, el que está aquí atrapado, en esta casa.