¿Que hay mas allá, de la PENUMBRA?.

Si existía una persona más seguro de sí mismo, ese era yo, acostumbrado al cine de terror, éste género ya no me provocaba sentimientos de espanto, digamos que estaba inmunizado, porque eran ya veinte años disfrutando y a veces no tanto, de películas de ese tipo, desde las más comerciales a esas desconocidas para el público general y que no todo el mundo tendría estómago para visionar, pero así era yo, un “retorcido” como me decían mis amigos, porque apenas salía de casa, me encerraba “en mi interior” y me ponía a ver películas de terror fines de semana completos, digamos que las he visto casi todas, por no decir todas, tal vez por ello adquirí una mente poco sugestionable por los miedos que otros/as si tendrían ante situaciones complejas de pánico o tal vez es una cualidad adquirida de nacimiento, el terror era mi vida, aunque repita, que en si no me provocaba ningún terror verlas, tan solo, me limitaba a disfrutar de ellas.

Me gusta esto!

Si debo describir algo más sobre el interior de mi persona, diríamos que soy tímido, tengo treinta y nueve años y no sé lo que significa relacionarse con una mujer, no me considero feo, como puedan pensar, simplemente tengo un mundo en el que vivo, donde el resto de personas no se atreven a entrar, tan solo, una chica lo intentó, pobre infeliz, terminó tan aburrida y desquiciada que me enteré meses después que fue tratada por un especialista de la mente, mente que por lo visto le “alteré”, por decirlo de alguna manera, pero desconocía el motivo por el cual soy una persona tan fría, que ni siento ni padezco, me limito a mi vida y me es suficiente con ello, no necesito estímulos externos para sentirme bien.

Ya conocen algo más de mí, ahora les contaré algo que me sucedió en mi antigua casa, esa vieja casa que se hereda de padres a hijos y así hasta que termina siendo tan tétrica, que se convierte en mi escenario perfecto de mi “modus vivendi”, imaginen, un amante acérrimo de las películas de terror, viviendo en una casa que podría servir de decorado de la más terrorífica película del género, un sueño hecho realidad, podrían pensar, pero es que los sueños, dulces sueños, se pueden convertir…en pesadillas.

Era un quince de Noviembre, lo recuerdo perfectamente porque ese día cumplo años, año tras año y sin parar de contar, un día como otro cualquiera porque no me interesaba celebrar como cada año nos queda uno menos de vida, porque la experiencia que se va sumando, es un hecho que conocemos, no necesitamos celebrar que somos más experimentados, no soplando unas velas pinchadas en un pastel, todo eso ya lo sabía, así que en el transcurrir de la tarde, sucedió algo que esta vez, si me causo un cierto terror, pero antes de narrarles la historia, les contaré algo que me sucede desde muy niño, algo psicológico que altera las noches de mi existencia […] de pronto, estando durmiendo, me despierto sobresaltado con la necesidad terrible de que tengo que ir al baño, son muchas las ocasiones en las que me levanto, tras mucho pensarlo y una vez allí, NADA, un enorme y contundente…NADA, por lo que hago el viaje en vano y regreso a mi cuarto, con la intención de recuperar el sueño perdido, claro está, hasta la próxima vez que siento el deseo de regresar al baño… éste, está situado justo en la otra punta de la casa, les diré que ésta no era pequeña, doscientos metros cuadrados de escenarios tétricos, viejo suelo que rechinaba como un gorrino al que asesinaban lenta y cruelmente, pero tenía una particularidad, el pasillo, ese pasillo eterno que recordaba a ese “ve hacia la luz” y en el que una vez llegado al final del mismo, no sabías que podría suceder, en este caso yo sí, vivía en esa casa y en el final del mismo estaba mi alivio, el baño, pero amigos que han venido a visitarme y han dormido conmigo, me han dicho varias veces…

– No sé cómo puedes vivir en esta casa, es aún más oscura que tú.

Aunque no lo crean, esos son mis amigos, pero supongo que los merezco. Regresando a lo que les estaba contando, ese pasillo me ocasionaba un sentimiento contradictorio, era mi zona preferida de la casa, pero al mismo tiempo sentía un cierto escalofrío cuando por la noche pasaba por allí, era una sensación extraña de que alguien me observaba, no mi madre con la que vivía a solas, alguien desconocido y es que, esa casa tenía una historia detrás que nunca me contaron, solo mi madre me decía…

– Es mejor que no conozcas que pasó aquí o pasarías de dormir poco a no dormir.

Siendo mi madre quien me lo decía, no quise saber más allá de esas palabras, aunque debo de reconocer, que ese misterio me gustaba más de lo que públicamente reconocía, me atraía la idea de que algo malo sucedió, no me daba miedo saber el qué, pero ese pasillo…era especial.

Esa noche, eran ya las tres de la madrugada y sentí el deseo de ir al baño, nuevamente y después de haber ido tres veces, siempre me despertaba y caminaba medio dormido, como un sonámbulo o un zombie en busca de quien comerse, por lo que siempre caminaba poniendo las manos por delante del cuerpo, palpándolo todo y despacio, porque en ese pasillo había docenas de detalles que podrían hacerme chocar y digamos que ya era un experto en esquivarlos todos, toda la vida haciéndolo, era normal, pero esa madrugada hubo un “obstáculo” que no pude esquivar, tuve que frenar tras verlo ante mis ojos, una especie de sombra que pude distinguir en la penumbra de aquel pasillo, pero le quité importancia «producto del cansancio» me dije, pero un instante después, sentí como que “algo” me rozó la mano, mi madre no era, ella no tenía ese problema, ella dormía toda la noche, con lo que el susto que me di fue algo que nunca olvidé y esta, estimados/as lectores/as, es MI HISTÓRIA DE TERROR…

Desde aquella noche me costaba dormir, ya no por el problema en si, si no porque no quería que llegase la noche, no quería tener que despertarme y volver a ese pasillo, en penumbra, quería evitarlo por todos los medios pero tampoco podía remediarlo, a mi madre no le conté nada porque no quería que me soltase de nuevo la misma y repetida frase, «Es mejor que no conozcas que pasó aquí o pasarías de dormir poco a no dormir>> así que es algo que solo yo sabía, estábamos, el pasillo, yo y aquel “ente desconocido», pero tenía que afrontar mis propios terrores, de nuevo tenía ganas de ir al baño, esta vez no parecía un simulacro, era una necesidad reprimida durante varias horas.

5:20 AM.

Me costó un mundo poner el primer pié en el suelo, levantarme de la cama, pero lo hice, que remedio, cada paso que daba, era similar a ir hacia un pelotón de ejecución […] me adentré en el pasillo, en la penumbra…

Un paso…

Dos pasos…

Tres pasos… «Tranquilo», me decía a mí mismo, mientras trataba de coordinar las ganas de ir al baño, con superar el miedo a lo desconocido.

Cuatro…

De pronto sentí una parálisis momentánea, tal vez era mi mente la que dibujaba cosas que no existían, ¿Demasiadas películas de terror?, me preguntaba y volví a ver esa silueta, esta vez no tan cerca de mí, pero a lo lejos tenía mi destino, quería, es más, necesitaba avanzar pero esa sombra permanecía allí, como esperando mi llegada, quien sabe con qué malsana intención […] de pronto, esa mente que tengo y dibuja situaciones (si esa era la respuesta) me jugó una mala pasada, la sombra que antes estaba inmóvil, comenzó a avanzar en mi dirección, me asusté y en vez de caminar hacia delante, regresé sobre mis pasos y me encerré en mi cuarto, de pronto se me quitaron las ganas de ir al baño, estaba paralizado, habían pasado quince minutos desde que me levanté a las cinco hasta ahora, los minutos más largos de mi vida… quince más pasaron para auto convencerme de que no podía ser, que allí no habría nadie, así que volví a salir, esta vez mas convencido, con paso más firme, diría, que casi corriendo y esta vez mi mente se limitó en concentrarse en una única idea, la de ir al baño, algo que logré, una vez terminé, ya más relajado, tuve que regresar a mi cuarto […]

Han pasado dos años desde que vendimos esa casa, les puedo asegurar que algo pasó en aquel instante, pero del mismo modo que mi madre siempre me decía «Es mejor que no conozcas que pasó aquí o pasarías de dormir poco a no dormir» yo no les diré que vi, que sentí y que me pasó, ese, es el secreto familiar que me llevaré a la tumba, pero les aseguro… que regresaré a aquella casa… de algún modo y tal vez sea yo quien se vista de penumbra, en aquel terrorífico pasillo.