"Cuando lo pequeño, puede ser tan grande".

La fuerza de las cosas radica en la intensidad y la necesidad de mantener esa fortaleza, con total entereza y con la seguridad de que va a mantenerse así, ser humano es sencillo, porque se viven distintas etapas desde bebé hasta la edad más adulta y la vida se apaga definitivamente, no ser humano no es tan fácil, más cuando estás arraigada a un árbol y alrededor de él, hay muchos más, cuando además eres una entre tantas y todas aparentemente iguales, no destacas ante el resto, te conviertes en algo pequeño, casi invisible ante la mirada de los humanos, pero no importa, porque yo tengo un alma desde hace tanto tiempo que ni recuerdo, porque las hojas no sabemos contar los años, pero siento que llevo aquí colgada desde demasiadas estaciones, la primavera, cuando sentí que ese alma entra en mí  y se apodera, el verano, cuando veo a familias rodeándome entre risas y alegrías, el invierno, cuando la nieve me sirve de abrigo, si, de abrigo porque me tapa y el otoño, esa estación tan especial, esa, que me quiere separar de mi inseparable, árbol […] es en esa estación cuando más sufro, porque la ramita que me mantiene allí colgada se debilita y es cuando más fuerte debo de ser, para mantenerme allí, casi inerte y “viva” tan solo cuando un poco de aire me acaricia. He superado varios otoños, pero éste, sería especial…

Me gusta esto!

Aquél día sentía que algo fallaba, hacía más aire de lo habitual y me sentía frágil al mismo tiempo que mi alma estaba cansada de mi cuerpo de hoja, todo se iba desconectando en armonía y como tal, me iba desprendiendo de mi dueño, ese viejo árbol y a cámara lenta, como si dejase escapar la vida, caí al suelo mojado, en un charco y de pronto miré hacia arriba, viendo como mi hoja compañera derramaba una gota que terminó cayendo encima de mí, ¿Una lágrima por ya no ser mi estimable acompañante? O tal vez tan solo producto de la lluvia de hace escasos minutos, pero ahí estaba, húmeda, sola, más sola que nunca y esperando que el tiempo fulmine el final de mi destino […] pasó el tiempo y sentí una vibración en el suelo, porque no olviden que las hojas somos extremadamente sensibles, esa vibración eran las pisadas de humanos, temía que se dirigieran hacia mí y no repararan de mi existencia, de que aunque mi alma estuviese a punto de abandonarme, aún estaba vinculada a mí, no quería ese final, volví a mirar hacia arriba y vi un pie cerca, tan cerca que llego a rozarme, las hojas no suspiramos, pero en ese instante sentí que sí, suspiré a mi manera… ¡Que suerte!, pensé, pero la suerte no es infinita y ese pié no caminaba solo, poco después llegó otro y éste no tuvo tanto cuidado, lo vi venir, una sombra al principio y oscuridad que me llevaría a dividirme en varios pedazos pequeños; ahora, aquel charco tenía fragmentos de mi cuerpo y mi vida en aquella hoja, se fue.

Mi próximo destino, lo desconozco, tal vez otra hoja en otro árbol en un país distinto, ese es el trabajo del alma, buscar un cuerpo y que ambos se conecten.

‎”El alma de las pequeñas cosas, también es indestructible“.

Éste es el primer relato que se relaciona con la “Apariencia temática”, en este caso, el otoño ha sido el protagonista, otras estaciones vendrán, lo mismo que otros relatos.

Anuncios