Género: Terror

Clasificación: +18 [ADVERTENCIA]: Este relato es EXCLUSIVO para mayores de 18 años, si no tienes esa edad, lo mejor es que no lo leas, hay millones de páginas Web que puedas visitar y que no hieran tu sensibilidad. Lo que hagas a partir de esta advertencia, es tu responsabilidad.


Argumento
: Tras un accidente extraño, Helen es capaz de ver cosas que nadie puede ver, capaz de penetrar tu alma y descubrir los rincones más tenebrosos de la mente humana.

Me gusta esto!

No querrás que ella te toque...

VISIONES

Ella lo sabe todo de ti.

00:56 de la madrugada, en un lugar del mundo.

 

La tempestad era indudable, una cortina de lluvia hacia que la visión del horizonte fuese prácticamente nula, pero Helen seguía conduciendo por que llegaba tarde a una reunión, pero no cualquier reunión, era la más importante de su carrera y de ella dependía para su ascenso. Eran cuatro horas conduciendo y la noche anterior no durmió a causa de los nervios y si ya de por sí era una persona nerviosa, esa noche fue la peor de su vida, ni cinco minutos pudo cerrar los ojos, pero ahora le pesaba y tenia sueño […] no podía dormirse, le quedaban cinco horas más para llegar a su destino y luego tendría que descansar en un motel para que en la mayor medida posible, pudiese estar fresca en la reunión.

25 minutos después.

 

Cerró los ojos un instante y una luz le atravesó… sobresaltada abrió los ojos mirando el retrovisor, se cruzó con el primer vehículo en horas, la lluvia no daba tregua, incluso era más intensa, -No puedo dormirme-, se repetía, deseaba encontrar un sitio donde parar 5 minutos, pero aquella carretera parecía que le llevaba directa al infierno, era desértica, nada pasaba en ella, solo lluvia y el crujir de su motor, -No puedo dormirme-… de pronto, un punto de luz en el horizonte la alertó y pensó que si en poco tiempo había visto dos vehículos, no estaría muy lejos de un lugar para tomar un café y despejarse pero de pronto esa luz desapareció, -no puede ser…tantas horas conduciendo me están volviendo loca- pensó, solo unos segundos después volvió a ver esa luz, que como si saliera de la nada y ayudada por la tormenta, la cegó y el coche se le fue, intentó enderezarlo pero cuando pensaba que tenia controlada la situación…

Sentía frio, mucho frio, frio y humedad, estaba empapada, pero no sentía nada mas, desfalleció.

Unas horas más tarde.

 

  • ¡La perdemos!, está en parada, ¡¡la perdemos!!.

Sintió un impacto muy fuerte en el pecho, algo la levantó de la camilla del impulso y aunque no podía a penas pensar, sintió como si aquella luz que la llevó a esa situación, se apartara de ella… otro impacto y una imagen en sus retinas, alguien que no conocía y vestida de blanco es lo primero que vio Helen.

  • Se recupera.- Escuchó.

Lo próximo que recuerda es como la desplazaban a otra habitación, no sentía fuerza alguna, le costaba abrir los ojos y tenía mucho sueño, durmió unas horas.

 

A la mañana siguiente.

Despertó, sentía un dolor muy intenso en todo el cuerpo, intentó levantarse pero no pudo, cada movimiento era como si le clavaran alfileres candentes, -Que me ha pasado- pensó, de pronto alguien entró en la habitación.

  • Señorita Helen, es mejor que no se mueva, el efecto del calmante estará terminando y sentirá un gran dolor, tenemos que administrarle otra dosis para que pueda descansar.

A los pocos segundos de escuchar esa voz, algo se incrustaba en su piel y le penetraba, era un dolor intenso, pronto sintió alivio y volvió a dormir.

1 semana después.

La silla de ruedas rechinaba, tenía que ser muy antigua…sonaba de un modo estridente y sobresalía ante los murmullos de la gente. Hacía más de una semana que no miraba su aspecto y el doctor no dejó que lo hiciera – Es mejor que no te veas durante un tiempo, te quitaremos el vendaje en dos semanas-, le dijo.

Durante su estancia, Helen no dijo absolutamente nada, estaba totalmente bloqueada y se limitaba a escuchar voces en la habitación, masculinas y femeninas, pero cuando ya estaba en la puerta, dijo.

  • Tengo que ir a la reunión.
  • ¿Qué reunión? -, preguntó el celador.
  • Es muy importante, no lo entiende, mi carrera depende de ella.
  • Entiendo, pero eso no será posible, hace dos días vino a visitarla un hombre y escuché decir que no podían seguir manteniendo esa situación, que tendrían que sustituirle.

Helen no dijo nada, sentía que el vendaje de su cara se humedeció, pero fue incapaz de articular palabra.

  • Lo siento-, dijo el muchacho con tono apenado.

Helen no recordaba nada de aquella noche, tan solo aquella luz que apareció de la nada, luego el despertar y ese intenso dolor, sentía como iba en un coche, un hombre le hablaba.

  • Tuvo que ser duro lo que le pasó, ¿Un accidente?-, Helen no respondía.

Mi hija, tuvo un accidente de coche, la perdí hace diez años… jamás podré olvidarlo, perder lo que más quieres en este mundo es como que te quiten una parte de ti. Al menos usted puede vivir, sentir el despertar cada día, mi niña, donde quiera que esté, solo podrá ver oscuridad y el dolor que sentimos su madre y yo.

Después de eso, a los pocos minutos sintió que el coche se paró.

  • Ya hemos llegado señorita, no se preocupe, pagaron en el hospital, solo tenía que llevarla a su casa-, le dijo el taxista.

Escuchó cómo se abría rápidamente una puerta y se cerraba, al instante no tuvo ni que abrir la suya, ese hombre la abrió por ella y sintió como le tocó el brazo y le decía.

  • Deje que le ayude…

Algo pinchaba su carne y se adentraba en ella, el dolor en el cuello era terrible y cayó al suelo.

  • ¡Dios mío señorita!, ¿Está usted bien?-, la levantó del suelo y le acompañó a la puerta de su casa.
  • No se preocupe, estoy mejor, no se queme a pasado, pero ya estoy bien, gracias.
  • ¿Segura, no quiere que la lleva de nuevo al hospital?
  • Le digo que no se preocupe, estoy bien, habrá sido un mareo…tantos días en una cama, estaré débil.

Helen sabía que no fue un mareo, sintió ese pinchazo como si fuese real, pero no había sangre, solo una sensación, por lo que lo dejó pasar y una vez en casa, tomó en seguida un calmante, que en pocos minutos le produjo un sueño profundo.
Era una noche fría, Henry, el taxista que llevó a Helen a su casa estaba ya cansado, eran más de ocho horas sin parar y tenía ganas de ir a su casa, ya de camino una sombra en la lejanía hacía gestos con los brazos, gestos que indicaban que quería que parase y aunque había terminado el servicio, su responsabilidad como profesional le obligó a parar. Frenó y esa persona golpeó levemente el cristal que estaba situado en la otra parte del conductor. Deslizó el cristal hasta dejar ver una sombra, el extraño individuo tenía una especie de capucha que apenas dejaba ver su rostro, su voz era débil, baja.

  • Necesito…que me lleve a un sitio, señor
  • Si no es muy lejos, ya terminaba mi servicio, pero si no es lejos puede subir.

Sin responderle, subió a la parte trasera del coche, Henry arrancó y le preguntó que donde quería ir, a lo que contestó, -Usted solo conduzca…yo le diré por dónde ir.

Esa voz estremecía a cualquiera, casi de ultratumba, pero Henry quería terminar cuanto antes su servicio, aunque no le gustaba el aspecto de esa persona, se sentía obligado a llevarle, aunque tenía la sensación de que no quería ir a ninguna parte, no hablaba, no mostraba su rostro pues aún mantenía esa especie de capucha por debajo de sus ojos, Henry disimuladamente lo miraba por el retrovisor y era tal el silencio que apenas sentía que respiraba, de pronto…

  • Gire a la derecha, ya estamos llegando.

Eso, después de media hora conduciendo y llegando a un lugar aún más extraño que el personaje que llevaba en su coche, hacia frio, veía gente apiñada en unos cubos arrojando fuego para calentarse las manos, estaba claro que no era un barrio de ricos, aventuraría a pensar que era justo lo contrario. Cuando giró a la derecha, como le indicó el personaje, sintió como le decía, – Aquí-, pocos segundos después, escucho un golpe tremendo en la luna delantera del taxi, el sobresalto fue el mayor que recuerda, miró atrás para asegurarse que su acompañante estaba bien, cuando se dio cuenta que allí no había nadie

  • ¡¡Baja del coche hijo de puta!!

Su respiración se aceleró de inmediato, podía sentir su corazón latir fuertemente, quería arrancar el coche y salir de esa pesadilla, pero no podía, algo hacia que no pudiese mover ni un dedo, de pronto algo rompió uno de los cristales del coche y escuchó como alguien metía la mano y abría la puerta…lo ‘arrancaron’ literalmente de su asiento y lo tiraron al suelo, sintió un golpe en la cabeza, un golpe seco y contundente, acto seguido, dos golpes más, como si no le golpease solo una persona… una fuerza fuera de lo común lo alzó del suelo y con voz susurrante le dijo:

  • ¡La próxima vez, que te diga que salgas del coche… sales!, ¡¡cabronazo!!

Fueron las últimas palabras que escuchó, de inmediato algo penetró su carne como si esta fuese mantequilla y por unos segundos sintió un frio nunca vivido, un liquido brotaba de su garganta, la sangre salpicó la cara de su ‘cazador’ y este, lo dejo caer al suelo… como si de un plomo de quinientos quilos se tratase.

2 días después.

Helen llevaba más de 48 horas durmiendo, ese calmante eran capaz de dormir a un elefante, pero ahora estaba mejor, ya no sentía tanto dolor, ni tan siquiera la necesidad de tomar más calmantes, al menos por el momento. Solo una venda muy fina dejaba que viese ligeramente, eso le diferenciaba de una persona ciega, al menos hasta que le quitaran el vendaje, tendría que acostumbrarse.

Por primera vez desde aquello, tenía hambre, así que palpando todo lo que se topaba en su camino, llegó hasta la cocina y se dispuso a hacerse algo sencillo, no quería fatigarse, puso agua a calentar y esperó a que hirviese, haciendo tiempo llegó hasta el pequeño salón y puso la televisión, aunque fuese solo para escuchar mas sonidos que el de su respiración

  • En la madrugada de hoy, un trágico suceso ha conmocionado a un barrio marginal de la zona, encontrando muerto a una persona aún sin identificar, creemos que era taxista, puesto que a pocos kilómetros de donde lo encontró el indigente, han hallado un taxi con indicios de forcejeos y varios cristales rotos. Damos paso a nuestro corresponsal en la zona para conocer las novedades.
  • Desde el barrio marginal de “Las 4 calles” le informamos que la identidad de la persona fallecida es de un hombre blanco de unos 52 años, su nombre es Henry Miller, estaba casado con Elisabeth Miller, de 48 años, ambos perdieron a su hija en un accidente mortal, hace 10 años. Hasta el momento, esto es lo que sabemos, iremos informando a medida que sepamos más detalles sobre la muerte de este pobre hombre. Eso sí, la muerte ha sido brutal, apenas puede apreciarse sus facciones.-concluyó el enviado, con un tono de asombro tras lo que había visto. Desde la CNN, les ha informado George Cuper.
  • Gracias George, terrible suceso que ha sorprendido, porque a pesar de la zona, nunca ha pasado algo similar, esperemos que sea la primera y última vez que tengamos que darle una noticia así.

Helen apagó la televisión y automáticamente pensó en las coincidencias, pero no podía creerlo, un taxista que había sufrido la pérdida de su hija, como el hombre que la llevó a casa, demasiado casual, por lo que intentó no pensar demasiado en ello.

A la mañana siguiente.

 

Apenas sentía dolor, tenía la necesidad de salir a la calle, aunque llevase esos vendajes que hacían que tuviese el aspecto de una momia, quería salir a despejarse, lo necesitaba así que después de desayunar algo salió. Era muy pronto, así que no había mucha gente en la calle, también debido a que de por sí era un barrio tranquilo, aunque parecía más tranquilo de lo habitual, quería llegar a un parque que hay a pocas manzanas de su casa, para sentirse unida a la naturaleza, poder respirar algo de paz, más después de la noticia del día anterior. Antes de llegar, escuchó unas voces de unos niños.

  • ¿Has visto eso?, es un monstruo, es un monstruo.- Decía uno, mientras otros se reían al unísono.

Para evitar las burlas de esos niños, hizo un movimiento brusco que le obligó a chocarse con alguien, en ese momento sintió un desgarro entre sus piernas, se tocó en el muslo izquierdo y estaba mojado.

  • ¡¡Tenga cuidado por donde va, si no ve bien no salga a la calle!!-, le dijo una voz de mujer joven, muy joven.

Pero pronto esa misma mujer, se dio cuenta que Helen estaba sangrando, caía un hilo grueso de sangre desde el interior de la falda, la joven le preguntó si se encontraba bien y Helen asustada dio la vuelta para regresar a su casa lo antes posible. Se desnudó por completo, encendió el calentador y se metió en la ducha viendo como el plato se llenaba de sangre, no sentía dolor en ese momento, solo estaba asustada.

  • Que tipa más rara me he encontrado hace un momento.-Dijo la joven a un amigo.
  • Tú siempre te encuentras a la gente más rara del barrio, tienes un imán para eso.-Le respondió.
  • Muy gracioso, pero no tiene gracia, de pronto se ha puesto a sangrar, salía sangre de entre sus piernas, como si le hubiese venido…
  • Ya.-Cortó su amigo.
  • No son necesarios los detalles que ya conozco.
  • Qué asco me ha dado, además no se le veía la cara, tenía un vendaje que se la cubría, solo orificios en la boca, en la nariz y a penas se le veían los ojos. ¡Joder, que puto susto me ha dado!, seguro que se a escapado de un loquero.
  • No le des importancia, siempre te montas unas películas.
  • Vale, vale, tengo que irme a casa.
  • Cuidadoooo, no te rapte el hombre loboooo.’jajaja’.-Reia el joven con un tono burlesco.
  • ¡Qué anormal puedes llegar a ser Peter!, nos vemos mañana.-Concluyó Angee.

Se escuchó un portazo.

  • Angee, ¿Eres tú?
  • Si madre, soy yo.
  • ¿Has traído lo que te pedí?
  • ¡¡Joder!!, no, me topé con una chiflada y olvide que salí a la calle por algo.
  • Es igual, llamaré a tu padre y que lo traiga él cuando llegue a casa.
  • Bien madre, voy a mi cuarto

Angee tenía quince años, era lo que se podría llamar, una “indomable”, rebelde desde que tenía uso de razón, sus padres ya no sabían qué hacer con ella, la ingresaron interna en cuatro colegios y de todos ellos se escapó, robaba y si tenía que atizar a alguien, lo hacía con una frialdad pasmosa, era morena, de complexión fuerte y unos rasgos poco habituales en una mujer, duros, marcados, como que esa ‘maldad’ que emanaban de ella, salía reflejada a su exterior. Sus padres siempre tenían una frase para casi todo, “Ya cambiará, cuando deje de ser una niña”, Angee odiaba esa frase, bueno, Angee odiaba todo, se encerraba horas en su cuarto, de la academia de estudios a su cuarto, tan solo salía para los recados que le mandaba su madre y para ver a algún amigo, como con Peter. Seguramente, un psicólogo la tildaría de sociópata, claro, de ir a un psicólogo, porque por más que sus padres intentaban convencerla, ella se negaba en rotundo y se ponía agresiva si tan solo se insinuaba la idea, por lo tanto, se evitaba, pero Angee sabia a escondidas que sus padres lo hablaban entre ellos, por las noches cuando no podía dormir, iba a su cuarto y los escuchaba, -Cada día va a peor, no sé qué haremos con ella. Decía Connor, su padre.

Angee odiaba a muerte a su padre, su máxima era estar en el bar con los amigos y beber hasta reventar, llegaba casi todas las noches borracho y tanto si su mujer quería o no, tenían que hacerlo, si ella se resistía le daba una paliza y le tapaba la boca para que no chillase, algo inútil porque Angee lo sabía todo, desde el primer día…

 

4:23 AM, martes.

 

Carol no podía dormir, estaba inquieta, tenía esa sensación de que algo iba a pasar pero no sabía qué. De pronto, escucho la llave de la puerta y se hizo la dormida, conocía a su marido y no soportaba verlo en ese estado, así que para evitar un conflicto no le decía nada y hacia que dormía. No era la primera vez que bebía, que llegaba a casa a esas horas, alcoholizado, pero esa noche la conducta de Connor era distinta, normalmente llegaba y se tiraba a la cama como si fuese un saco repleto de piedras. Connor era un hombre de complexión muy fuerte, sus amigos le llamaban “pitbul”, como la raza de perros, no solo por su aspecto, si no por su voz “rota”, causaba impresión solo de verle, ver sus múltiples tatuajes que decía, se hizo en el ejército.

Esa noche era distinta, esa noche no la olvidaría ¡jamás!

  • ¡¡¡Mujercitaaaa… ven con papá, hoy…’ vamosssh’ a pasarlo biennn!!!.- Gritaba desde el pasillo.

Al mismo tiempo se iba tropezando con lo que pillaba por delante, lo que despertó a Angee, pero paralizada no quiso decir nada y se mantuvo en su cuarto, mientras tanto su madre, asustada escuchaba como poco a poco, entre gritos aberrantes, su marido se acercaba, tanto, que en un instante pudo sentir el aliento desagradable y le susurró.

  • ¡Sé que no estás dormida… hoy vas a pasarlo bien puta!.

Ella ni pestañeaba, la habitación era oscura, pero podía ver la sombra de Connor al otro lado de la cama, escuchaba como se iba quitando la ropa, no sin antes caerse al suelo, no se tenía en pié, pero pasara lo que pasara, la intención era la de no moverse, casi, no respirar, esperar a que como otras veces cayera rendido en la cama. Pero esta vez fue distinto, una mano fuerte la cogió por el pelo y bruscamente la tiró al suelo y el se abalanzó sobre ella, paralizada no podía ni gritar, le dio un puñetazo y le dijo.

  • ¡¡¡Hoy ‘vamosshh’ a follar a mi manera puta!!!

Era un hombre demasiado fuerte como para que ni el alcohol lo debilitara, después de violarla le dio una paliza que duró meses en ‘ocultarse’, su cuerpo estuvo semanas repleto de moratones. Esa noche no se mencionó nunca, todos los integrantes de la familia sabían lo que sucedió, pero jamás se comentó ni lo más mínimo.

Unas horas más tarde.

Helen pudo calmarse, después de lo sucedido pensó que lo mejor era no volver a salir a la calle, no hasta que le quitaran el vendaje, se hizo la comida y se quedo dormida en el sofá, con la tele encendida.
Cerca de donde vivía Angee estaba el parque donde Helen quería ir a relajarse, Angee quedaba allí con sus amigos y planeaban todo lo del día siguiente, el parque era denso, parecía sacado de una novela de terror, los arboles, como sin vida hacían tétrico el paisaje, pero era el único que había en kilómetros, además a Angee y su mente retorcida le encantaba ese sitio, le encantaban las películas de terror, todo lo ‘underground’ le atraía. Esa noche no había quedado con nadie, su plan era dormir e ir al día siguiente a clase, como cada día. Le gustaba cenar y acostarse antes de que llegase su padre, no le gustaba averiguar si había estado en el bar o no, aunque a los pocos minutos de cenar, su padre llegó y parecía que estaba bien, incluso le dio un beso cariñoso a su madre y a la propia Angee, que le dijo.

  • Hoy quiero que hablemos hija, que demos un paseo, necesito pedirte perdón por cosas que han pasado estos últimos años.

Realmente, no lo reconocía, jamás salió la palabra “perdón” de la boca de su padre, menos sin haber bebido, así que no iba a dejar pasar esta oportunidad e iría con él. Connor terminó de cenar, era invierno por lo que hacía bastante frio, le dijo a su hija que se abrigara, que se iban a ir en ese momento.

La niebla a penas dejaba ver el horizonte, no recordaban tanto frio en años, pero el “calor” de ver a su padre tan cambiado hacia que no se notara, se dirigían camino al parque, Connor le dijo que era un sitio más tranquilo, sin curiosos que les molestase, a Angee le pareció bien, en esa situación, hasta el infierno le parecía un sitio estupendo para hablar. Según caminaban se escuchaba el crujir de las hojas, era lo único por que el silencio era irritante, hasta que Angee lo rompió.

  • No vayamos muy lejos, no querrás que nos perdamos con esta niebla.-Dijo con un tono agradable.

Su padre no dijo nada, se le notaba nervioso, tras unos instantes de silencio…

  • ¡Estarás contenta, estarás contenta de tu comportamiento…zorra!

Angee enseguida se había dado cuenta del error, el mayor de su vida, su padre tras mirar hacia todas las direcciones para asegurarse que estaban solos, levantó el brazo y del puñetazo que le dio la tumbó al suelo, quedando semi inconsciente. Lo próximo que sintió es como le golpeaba en el rostro, tan fuerte que la mató, su padre estaba tan fuera de sí, que aún pensaba que vivía, le quitó los pantalones, como si de una muñeca se tratase y le penetró hasta desgarrarla y sangró. Cuando terminó, regreso a su casa sin decir nada. Su madre sabia que una tragedia había sucedido, cómplice, se mantuvo en silencio.

2 días después.

 

A pesar de que Helen, días antes decidió no salir más a la calle, no tenia mas remedio, era ‘adicta’ a el chocolate y no tenia, si no comía chocolate al menos una vez al día, se ponía nerviosa e incluso le daba ansiedad, así que pensó que el colmado estaba cerca, nada le podía pasar, tenía que ser fuerte y no hacer caso a los niños crueles. Pensado y hecho, bajó y compró diez tabletas de chocolate, al menos para tener hasta que le quitasen la venda de la cabeza, cuando salió del colmado escucho una conversación de dos mujeres.

  • ¿Te has enterado?, algún mal nacido ha violado y asesinado a una chiquita del barrio, dicen que es la hija de Connor.
  • ¡¡Qué horror!! el otro día el taxista, ahora esta niña, que aunque era problemática no era más que una niña.

A Helen se le cayó la bolsa, no podía creer que otra vez pasara algo similar. Noto como si una de esas mujeres le miraba, pero no escucho nada esta vez, las dejó atrás y se fue a su casa. Pasaron los días y no dejaba de pensar en ello, -Son tan solo dos coincidencias-, se decía una y otra vez.

 

El día esperado.

 

Por fin llegó el día en que le quitarían la venda, Helen estaba nerviosa, necesitaba ver su rostro, recuperar la normalidad, ir a la empresa que la había despedido e intentar recuperar su vida, para ello, tenía que estar perfecta, sin señales en la cara, por eso ese día era importante para ella. Llamó a un taxi, no quería ir asustando a nadie con su vendaje, el taxí tardó escasos cinco minutos, esta vez el taxista no le hizo comentarios, se limitó a llevarla, tan solo después de pagar y antes de bajar del coche le dijo:

  • ¡Mi niña lo era todo para nosotros!

Helen apenas escuchó lo que dijo, estaba demasiado emocionada como para prestar atención a un taxista deprimido, entró al hospital y preguntó por el doctor Darrel, el mismo que le cuidó tras aquello.

Tras unos minutos de espera, un hombre le invitó a que le acompañase, era el doctor Darrel, sin mediar palabra entraron a una habitación oscura, encendió la luz y le dijo amablemente que se sentara, que iba a buscar los artilugios para despojarle de las vendas.

Frio, percibía frio por dentro, supuso que eran unas tijeras que poco a poco iban arrancando aquello que odiaba tanto, ya no sentía esa asfixia, podía comenzar a respirar mejor, el alivio era terrible y el doctor había terminado.

  • Le traeré un espejo, es hermosa.

Tras escuchar esas palabras, sintió mas alivio aún, tal vez aquello que le pasó pueda quedar tan solo en el recuerdo, no queden señales de ello y pueda comenzar a vivir de nuevo. Poco tardó el doctor Darrel, le trajo un pequeño, pero suficiente, espejo que Helen agarró como si la vida fuese de ello…

Dos segundos más tarde, un grito desgarrador, el espejo, en el suelo hecho pedazos, aquello que vio no era belleza, no tenia piel, solo carne roja, ensangrentada, podía ver perfectamente parte de los huesos de su cráneo y la mitad de su boca al desnudo, sin carne dejaban ver parte de sus dientes.

  • Le dije que es hermosa.

Tras escuchar estas palabras, el supuesto doctor desapareció dejando un frio que helaba la sangre, la poca luz que había en esa habitación se convirtió en completa penumbra, tenía que salir de allí y lo hizo, pero una vez fuera no había nadie, solo una silueta en la distancia. Sentía terror, no sabía que estaba pasando, porqué su rostro era nauseabundo, algo que no era ella misma le llevaba hacia esa silueta, pero la misma no se movía, inerte solo parecía que esperaba su llegada, una niebla repentina, mas frio, hicieron la situación irrespirable… Eso mismo que le empujaba hacia la silueta, hizo que se parase cuando sintió una respiración pausada en su espalda.

  • No te des la vuelta hija.-Escuchó de modo susurrante.
  • ¿Madre, que broma es esta?…Estás muerta.-Dijo asustada.
  • Todos lo estamos aquí.
  • No es posible, puedo ver cosas físicas, puedo tocarlas.
  • Tu no tendrías que estar aquí, estás condenada, cada ‘ente’ que toques, que te toque, tu sentirás lo que él o ella sintió al morir…
  • Esto es el infierno.
  • No, es tu infierno y todo lo que ves es creado por ti, todo lo que vivas, es tu mente quien lo crea.
  • ¿Y por qué me siento tan viva?
  • Porque en realidad, tu eres la única que no está muerta…esa, es parte de tu condena. Jamás morirás, te encontrarás una y otra vez con las personas que tu mente cree, el taxista, la adolescente, son solo ejemplo…llevaban años ya muertos, tu solo revives sus experiencias. Este mundo, tu mundo, está compuesto por las muertes más terribles del ser humano en toda su historia y tu destino es vivirlas… una por una.

Tras estas palabras, notó que la niebla se esfumaba y el frio era cada vez menor cuando pudo ver como cientos de entidades se dirigían hacia ella desde la distancia… ¿Estaría dispuesta a sentir cada una de sus terribles muertes?

[“Se dice que cada mil años, una pequeña puerta dimensional se abre en cualquier punto del mundo y quien entra en ella…entra en el universo de los muertos. Nuestra protagonista, estaba en el peor sitio, en el peor momento… y esa luz, no era más que el principio de su condena”]

¿Te ha gustado, quieres que se publique un próximo relato?. Expresalo en los comentarios y en breve el relato corto #2.

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